París, ciudad contada en las novelas, ciudad querida, fotografiada, ciudad de artistas y enamorados, cuyo rincones, calles y boulevard nos cuentan algo de su historia.
Dijo Hemingway: "Si tienes bastante suerte como para haber vivido en París de joven, entonces, para toda tu vida, la llevarás contigo". Hemingway fue uno del los muchos escritores, artistas e intelectuales enamorados de la ciudad y que hicieron de la realidad un mito. París no soltanto es la capital de Francia, sino un mundo, un estilo de vida, una utopia, un ideal.
Viajar a París es bonito, pero es aun más bonito volver. Hay tantas cosas por ver que igual no caben en una vida. El Louvre, por ejemplo, museo que requiere una semana de vísita, así como los monumentos y símbolos: la Torre Eiffel, el Centro Pompidou, Notre Dame, el barrio Latino, Montmartre, los Champs Elysees, el Museo d'Orsay.
En París es posible salir fuera a comer todos los días, sin nunca volver al mismo restaurante, y probando lo mejor de la cocina francesa y mundial. Se puede ir al cine 300 veces al año cambiando cada vez el cinema, y cada día ir a la inauguración de una exposición de fotos o de pintura. Pero verlo todo en la misma sesión es imposible, dejemonos algo para la próxima.
En París es bonito entrar en las tiendas del Marais, las librerías de Saint Germain los bistrot y los jazz club, pasear por los mercadillos, cruzar los puentes de la Sena, salir del centro hasta la banlieu, para descubrir una París multiétnica y popular.
Después de tanto andar lo mejor es buscar refugio en un café o bien sentarse en un banco, olvidando que somos turistas, dejando que París llegue a ser conocida, amiga, familiar, con esa sensación de nostalgia que conquistó también a Hemingway y Picasso.
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